Vendí mi Xbox One y fue una muy buena decisión

Es increíble cómo una consola con 11 años de antigüedad puede sentirse tan vigente…

Debido a la falta de juegos buenos, una mala conexión a internet y carencia de tiempo, acabé por vender mi Xbox One y ¿sabes qué? No podría sentirme mejor.

Para no hacer el cuento largo, se me hizo fácil vender la consola. Después de todo, no la usaba tanto y la falta de títulos buenos que me convencieran me facilitó la transacción.

Es que eso de andar comprando juegos indiscriminadamente es un lujo que sale muy caro, en especial cuando cada uno anda saliendo en más de mil pesos.

Tengo un colega que suele comprar cuanto título se le pone enfrente y cuando le pregunto por qué lo hace, solo responde: “Hay que jugar de todo, tío. Además, para eso trabajo”. Aun así, ganar bien no justifica comprarte Plants vs. Zombies: Garden Warfare, Screamride y Assassin’s Creed Syndicate ‘nomás porque sí’. Además, para eso están las reseñas, ¿no? Para evitar malas compras.

Bueno, debido a que yo no encontré mucha razón para conservar la consola, la vendí a un buen precio. ¿Qué hice después para satisfacer mis necesidades lúdicas? Volví a conectar mi Xbox 360 y aproveché algunas de las joyas que ya tenía, como Doom I, Doom II, Assassin’s Creed IV: Black Flag, Assassin’s Creed II, Catherine y la compilación de juegos de Metal Gear remasterizados en HD.

Gracias a ese revival pude acabar el primer Modern Warfare en la dificultad más alta, así que no voy a necesitar comprar Infinite Warfare solo para jugar su versión remasterizada (que vaya que luce muy bien).

Dime lo que quieras: soy un codo, un sangrón por no mantenerme vigente en el mundo de los videojuegos, pues yo te voy a decir que me vale.

Antes leía las revistas de Club Nintendo con asombro y algo de decepción por la falta de recursos para vivir lo que se me estaba relatando en los artículos de esa revista. Yo no estuve ‘vigente’ en el mundo de las consolas hasta bien entrado el año 2001, ya cuando la Nintendo 64 estaba dando sus últimas patadas, y por un tiempo mi ingenua misión fue ir al día con las plataformas de las que hablaban las revistas que leía. Y hasta hace poco lo estuve, casi de manera religiosa, hasta que en 2015 decidí volver a ver los videojuegos, no como una carrera armamentista, sino como un placer que no conoce vigencias, ni épocas ni modas.

Me perdí de Fallout 4 y muchos otros ‘juegazos’ y no me importa. La verdad es que eso de andar todo hypeado por cada anuncio o avance que sale ya no es lo mío. Eso se lo dejo a los chavillos que ven el consumo inconsciente de los juegos como un estilo de vida. La verdad estoy más emocionado por tener el Mini NES (que no compraré por nostalgia, sino por practicidad) que por el próximo Battlefield 1.

Quizás en un par de años, ya cuando el Xbox One Slim baje (aún más) de precio y haya un buen paquete de unos siete o diez juegos realmente buenos, me anime a volver a comprarme la consola, pero antes de eso no veo por qué no ahorrar ese dinerillo.

La lección no es dejar de videojugar, sino ser inteligentes con cada compra que se hace. Si no usas un juego, véndelo, no lo pongas en un altar, y si vas a ser un early adopter, mejor piénsatelo dos veces y espérate a que lleguen las reseñas, que igual y eso que te emocionaba tanto acaba por no ser tan bueno como creías.

Así como los buenos libros del viejo librero de papás, mejor acaba los juegos que ya tienes antes de comprar nuevos. Seguro tienes alguna joya escondida por ahí que merece tu atención y que no has pelado por babear ante una quimera. Sé objetivo. Sé inteligente. Sé un campeón, como diría el maestro, el adalid del birlibirloque, el paladín de la hilaridad y miembro honorario de la Cofradía del Santo Reproche, Ángel ‘Lanchas’ Sánchez.

Aquí te dejo un artículo similar que vendría siendo como que el prólogo de este. Fue redactado el 4 de diciembre pasado. Échale un ojo.

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Acerca de Todd Basalvilvazo

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