¿Uncharted 4 es mejor que los otros Uncharted? Una opinión

“¿Cómo considerarías esta aventura con respecto a tus aventuras anteriores?”, le pregunta Sam Drake a su hermano menor, Nathan, mientras ambos escalan los riscos de una isla perdida cerca de Madagascar. La pregunta, aunque dirigida hacia el protagonista de la serie Uncharted, en realidad va hacia el jugador y es una pregunta retórica. Lo que Bruce Straley y Neil Druckmann quieren decir es: “Mira nuestro juego, ¿acaso no está mejor la serie ahora que Amy Hennig ya no está?”. Para responder, robaré al pie de la letra la respuesta de Nathan Drake a esa misma pregunta: Vuélveme a preguntar al final.

Ver Uncharted 4 es un deleite. La manera en que las sombras, las plantas y las texturas tienen el comportamiento que esperarías en la vida real pero que jamás creíste ver en un sistema de menos de tres mil dólares, debe de ser realmente deprimente para todo el equipo que trabajó en Rise of the Tomb Raider (¡hicieron un gran trabajo visual, muchachos, pero esto está en otra liga!). El movimiento de los cuerpos conforme escalan, pelean, se arrastran y esquivan gente son prácticamente perfectos y continuos; las miradas, dientes, gesticulación y pelo (odio la palabra ‘cabello’; disculpen) de cada uno de los personajes es asombrosa. La captura de movimientos y la actuación de voz vaya que logran envolverte desde el primer minuto. Aunque, a decir verdad, la razón por la que estás envuelto desde el primer minuto, en realidad se llama Uncharted 2.

¿Recuerdan ese momento en el tren en el Himalaya, con la montaña cubierta de nieve y Nathan colgando de un eje del último vagón que cuelga sobre el desfiladero? Así como Among Thieves te metió de lleno al juego poniéndote justo en medio de una incógnita de la segunda mitad del juego antes de regresarte hasta el principio de la narración, Uncharted 4: A Thief’s End utiliza el mismo recurso, haciéndolo parecer en parte un tributo a lo que la mayoría consideramos el mejor juego de la serie, pero en parte imprimiéndole acción desde el inicio. Y vaya que lo necesita.

No me hagan caso pero ¿alguien tiene idea de en qué parte de Sony anda metido Kojima? ¡Qué cosa con las escenas cinematográficas de Uncharted 4! ¡Son interminables! Podría asegurar que más de 90 minutos del juego completo se van en atestiguar conversaciones en las que no tienes la menor interacción. Ah, porque, claro, también hay algunas en las que técnicamente estás jugando, pero en realidad no puedes hacer nada. Y es que a Neil Druckmann le encanta escribir diálogos. Afortunadamente, sabe hacer su trabajo.

Atención porque aquí viene el spóiler de mi vida: ¡Nunca acabé el primer Uncharted! ¡Me aburrió! ¡Tampoco acabé Uncharted 3! ¡Dos veces (en PS3 y luego en PS4) intenté acabarlo pero en ambas ocasiones aventé el control en un escenario dentro de un castillo en un desierto donde salen y salen y salen y salen y salen soldados mientras Drake suelta chistes y headshots de manera indiscriminada! (Tampoco acabé el Uncharted de PS Vita pero creo que ese a nadie le importa.) Por el contrario, Uncharted 2 siempre fue un deleite jugarlo, y Uncharted 4 tal vez esté por encima de ese deleite. Sin duda, Druckmann y su otro compañero guionista del que nadie va a hablar porque le bajaron bien duro el reflector hacen que, por primera vez, Drake (el cazador de tesoros, no el cantante), sus amigos y enemigos se sientan medianamente verosímiles. Claro, Nathan tiene un trabajo de tres pesos y viaja como si trabajara en PEMEX, pero al menos sus viajes responden a una lógica y explicación. También, el enfoque inicial de hacerte recorrer escenarios de manera sigilosa y sin combate inyecta una sensación particular al juego. La posibilidad de esconderte entre las (maravillosas) plantitas y eliminar a tu enemigo silenciosamente es fabulosa también. La adición de vehículos como recurso narrativo y lúdico sirve a la perfección como descanso del trepar, trepar, trepar, caer, caer, caer (por favor, alguien cuente cuántas veces se cae Nathan Drake cuando parece que está a punto de librarla; estoy seguro de que rompió algún récord). La aparición de distintos compañeros a lo largo del recorrido da una personalidad peculiar a cada tramo del juego. La explicación de por qué había un hermano del que nadie sabía incluso funciona, y sus motivaciones y resoluciones casi cruzan el pantano sin ensuciar su plumaje, pero entonces aparecen los soldados enemigos por cientos.

Entiendo que una parte muy importante de Uncharted es que es un shooter pero ¡iban muy bien! La primera parte del juego me dejó creer que podía irme con sigilo de punta a punta de la trama, pero de pronto todo se desmoronó y empecé a tirar granadazos, escopetazos, riflazos, sniperazos, pistolazos y chingadazos en general durante extensos tramos de los mapas. Cierto, los mapas son hermosos, llenos de niveles y recovecos, con gran iluminación y detalle, pero eso no quita que, de la nada, Nathan el humano se convierta en Nathan el Terminator. Mata y mata y mata y el buen humor nunca se acaba. Y, a decir verdad, Uncharted me gusta más cuando no estoy disparando que cuando estoy disparando. Los rompecabezas son bien divertidos, los escenarios son de lo más coloridos y cambiantes, la trama consigue mantenerte interesado en todo momento, pero entonces sale ese ejército interminable de soldados genéricos, mal pagados y suicidas a arruinar la gran experiencia. Por el lado bueno hay que agradecer que al menos no el yeti.

Justo ahora que menciono la palabra ‘juego’, me pongo a pensar en todos los momentos y secuencias narrativas en que la interacción del supuesto jugador es meramente estética. Existen muchos, pero no creo que eso le arrebate mérito a los creadores, pues cada uno de esas escenas se siente tan integrada que uno deja de pensar que está frente a un QTE (léase, una situación en la que la interacción se limita a presionar el botón que aparece en la pantalla). Claro, una nada más está de apretabotones, pero una narración bien hecha quita importancia a ese primitivo método de interacción.

Así como Uncharted 4 regresa al punto en el que inicia luego de un largo choro, yo tengo que volver a la pregunta del inicio: ¿Está mejor Uncharted ahora que Amy Hennig no está? No lo sé. No sé qué tenía ella planeado para este capítulo. Lo que sí sé es que Uncharted 4 me atrapó como solo Uncharted 2 lo había hecho ( ¡y eso que allá salía esa guapa llamada Chloe!) y, posiblemente, un poco más. Podrán tacharlo de ser un juego palomero y de no ser desafiante ni tener un gran sistema de juego ni armas realmente inolvidables pero, cuando se escriben personajes con carisma y narradores con talento, a veces podemos soltar al menos una mano del control mientras un QTE nos pide picar un botón y disfrutar del paseo.

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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