¿Y el Xbox One, apá? Ah, ese es para Netflix y ver Blu-rays

A estas alturas de mi vida, creo que cometí un error en comprar un Xbox One justo cuando salió…

Recuerdo lo emocionado que estaba cuando salí de mi casa y me dirigí a la plaza comercial más cercana para comprar un flamante Xbox One. “Ahora sí voy a ser un early adopter“, me dije a mí mismo con esa inocencia que solo la ignorancia puede regalarnos. “Seguro pasaré años jugando Battlefield 4 hasta que Metal Gear Solid V salga a la venta.”

Eso sucedió en noviembre de 2013, cuando, eufórico, me uní a toda esa gente que sonreía junto a sus relucientes cajas verdes de Xbox One desde las tiendas de Sídney y Manhattan durante la noche de lanzamiento.

Bueno, eso de decirle cosas a tu Xbox está "medio chido".
Bueno, eso de decirle cosas a tu Xbox está “medio chido”.

Tras un atropellado lanzamiento de Battlefield 4 que no permitió jugarlo correctamente hasta –uff– poco menos de un año después, comencé a amargarme como cualquiera en mi posición lo habría hecho.

Ahora, poco más de dos años de ese momento “feliz”, me encuentro jugando más con mi Xbox 360 que con mi Xbox One. ¿Por qué? Aún tengo muchas cosas por disfrutar en la vieja consola y la nueva nomás no sirve para mucho. Existe un salto gráfico interesante en el Xbox One respecto a su “hermano mayor”, pero no veo títulos que realmente estén tan buenos y, para ser honestos, los gráficos de los juegos anteriores tienen un encanto que solo los títulos retro tienen. Quién sabe, igual y en 2027 diga lo mismo del poder visual del Xbox One.

Metal Gear Solid V: The Phantom Pain me dio ganas de...jugar a estos tres.
Metal Gear Solid V: The Phantom Pain me dio ganas de… jugar a estos tres.

Hoy por hoy, mi tiempo de juego se lo he dedicado principalmente al DOOM 3 BFG Edition, Assassin’s Creed 4: Black Flag (que bajé gratis y que no jugué en su momento) y The Elder Scrolls IV: Oblivion. Así es, juegos con más de diez años de antigüedad me están atrapando más que Star Wars Battlefront de EA porque, según yo, la oferta de hoy es brutalmente desangelada.

Pero dicha situación, mi Xbox One sirve para dos cosas: ver al buen Aziz Ansari en Netflix y redescubrir la saga de Star Wars en Blu-ray junto con mi novia, quien cometió el pecado de no haberlas visto nunca en su vida y que yo estoy dispuesto a corregir.

Esas gráficas tan "chafitas" invitan a usar un poco la imaginación.
Esas gráficas tan “chafitas” invitan a usar un poco la imaginación.

No obstante, cuando el binge-watching termina, simplemente le grito a la consola que se apague y vuelvo a jugar DOOM 3: Resurrection of Evil en mi Xbox 360.

Eso me hace pensar que, quizá, el Xbox One y la PlayStation 4 debieron haber salido, al menos, dos o tres años después, no en 2013, cuando las consolas anteriores aún tenían (y continúan teniendo) tanto que ofrecer. El “salto generacional” a la octava generación de consolas se siente forzado, mínimo e innecesario

Espero que 2016 traiga cosas más interesantes, pero mientras eso sucede, voy a sacar a Catherine de su caja y jugaré con ella en ese pedazo de tecnología que tengo desde 2007.

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Acerca de Todd Basalvilvazo

Así se desmorona la galleta virtual, mis amigos.

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