Los diarios de Fallout 4 #004: Synth

Mandé a un chino que se encargaba de la seguridad de Sanctuary a que se dedicara a buscar escombro, pero después me arrepentí. ¿Alguien se ha fijado en lo difícil que es encontrar a un güey en un páramo desolado? ¡El pinche chino desapareció! Tardé más en decirle que fuera a buscar escombro que en descubrir que el idiota ya no estaba en el pueblo. ¿En verdad tenía tanta prisa por largarse? ¡Hay cucarachas gigantes afuera! ¡Hay Hijodelachingadas bien cerca de ahí! ¡Hay vacas con dos cabezas! ¿Quién en su sano juicio preferiría ponerse de recolector cuando podría quedarse como portero de edificio: con un sarape encima, una TV de cinco pulgadas en el futbol o en Señorita Laura, y todo el día dormido? Pero este güey así lo decidió. Por tanto, pensé en poner a trabajar a la viejita drogadicta, pero jamás me hizo caso. Seguramente le acababa de jalar las patas a Satanás. Malnacida. Busqué a la mujer que puse a sembrar y cosechar. Nunca la encontré. Tal vez ahora trabaja en un lavado de autos. O en la pizca de algodón. O en McDonald’s. Quién sabe. Busqué a Preston Garvey. No lo vi. Puse a Mr. Codsworth, el robot inútil, a que se encargara de la seguridad del lugar. “Es un robot que se parece a GLaDOS, seguro es un asesino”, pensé. ¿Saben cuántos puntos de defensa sube tener al robot protegiéndote? ¡Dos puntos! El chino me daba seis puntos, y creo que ni siquiera tenía un arma (seguro sabía wushu, o kravmaga o capoeira o algo así). Este robot da dos puntos. Seguramente mi perro Pulgas puede sostener una escopeta con más eficacia que el estúpido robot nuclear. Era necesario que encontrara al chino, así que dejé al robot a cargo y salí a buscar.

Antes de llegar al puente que lleva de Sanctuary al resto del mundo, vi el sombrero de Garvey. Más adelante, vi al chino. No tengo idea qué hacía pero no lucía particularmente escombrador; todo Sanctuary seguía hecho un desmadre, y mis provisiones no se incrementaban. Lo mandé de vuelta a la defensa y dediqué a Garvey a buscar provisiones. Al menos ese sombrero lo puede proteger de cacas de pájaros gigantes que espero que no existan.

En realidad es más copetudo que chino. Se apellida Sturgess. Mi estereotipo de “chino” es ligeramente extraño.
En realidad es más copetudo que chino. Se llama Sturges. Mi estereotipo de “chino” es ligeramente extraño.

Salí de Sanctuary no con mucha idea de hacia adónde dirigirme. Diamond City es la siguiente escala de la misión principal, pero tengo miedo de lo que pueda encontrarme camino allá. ¿Y si salen los mentados escorpiones? No estoy listo para abandonar el juego por culpa de mis fobias, así que decidí acudir a una llamada de auxilio, que se filtró en mi radio, cuando iba camino a despachar a los raiders que se habían metido a Corvega.

Cuando llegué, un tipo en Power Armor despachaba Feral Ghouls a diestra y siniestra. Pulgas y yo llegamos a ayudar, pero realmente el tipo no necesitaba ayuda. Nos agradeció. Se presentó. Paladin Danse, dijo que se llamaba. Había dos personas más con él. Un herido y una chica. Danse me dijo que necesitaba acompañarlo por provisiones al instituto no sé qué. Como soy bien buena gente y la verdad no tengo mejor cosa que hacer, dije que sí, y ambos nos fuimos camino al instituto. Decir que yo era el Sancho Panza del Don Quijote de Danse es darme demasiado crédito, pues más bien yo era como el Chester del Spike de Danse.

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¿Salía un raider? Bum. Danse lo sentaba. ¿Salía un Ghoul? Bum. Danse lo sentaba. ¿Mosca? ¿Cucaracha? ¿Lobo sin piel (de oveja? Bum. Danse lo sentaba. Y así llegamos hasta el instituto, con Danse repartiendo caña y yo haciéndola de carroñero sobre todo lo que él mataba. Una vez adentro. Él me empezó a hablar de los ‘Synths’. “¿Los ‘synths’?”, pensé, mientras imaginaba un ejército de Aleks Sintekses caminando hacia mí. La piel se me erizó. Estuve a punto de apagar la consola y no volver a jugar esa abominación en mi vida. Peor aun, el instituto estaba repleto de robots destruidos. No había rastros de sangre. No había ruidos, pero en mi mente yo podía escuchar a esas criaturas conectadas a una mente colectiva murmullando: “Uom beram dirim da, uom beram dirim da”. Ay. Entré en pánico. De pronto, abrí la puerta equivocada y salió un robot idéntico a aquellos que salían en I, Robot. Bum. Danse se lo dio. Saltaron otros dos. Bum. Se dio a uno más. El otro se dejó venir hacia mí, mientras yo le tiraba con mi arma. Bum. Danse me hizo el paro.

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”Ahora nosotros y las Gentes Normaleses les vamos a cantar la de la película de Robots y la de “El camino.”

Caminamos y caminamos por el instituto hasta que llegamos a lo que parecía el silo de un cohete de la NASA. “Aquí me quedo”, dijo Danse, mandándome a recoger una pieza que, la verdad, no recuerdo qué era. Tembloroso, fui a cumplir mi misión. Por fortuna, no encontré a nadie salvo a un lanzador de basura que pone unos madrazos tremendos valiéndose del desperdicio como munición (¡le sería de gran utilidad a Garvey para limpiar el escombro!). Cuando Pulgas y yo volvimos con Danse, él estaba despachándose a decenas de synths. Yo me metí a un elevador y esperé a que los despachara a todos. Subimos al elevador y salimos de ahí. Danse estaba feliz. Nunca había conocido a nadie que siguiera órdenes tan bien como yo. Yo nunca me había sentido tan inútil. Me preguntó si quería unirme a la Brotherhood of Steel. Yo estaba emocionado; acabábamos de escabecharnos a los synteks. ¿Qué cosa peor podría suceder? ¿Escorpiones? Meh.

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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