Los 17 años del Dreamcast y mi primera película porno

El Dreamcast fue una consola extraña, y hoy cumple 17 años de haber sido lanzada en Japón. Fue exactamente el 27 de noviembre de 1998 (en Japón), una fecha importante de contextualizar, pues el Dreamcast hacía cosas que sus rivales contemporáneos (Nintendo 64 y PlayStation) no podían ni imaginar, como tener un módem integrado y gráficos increíbles. Fue una consola avanzada a su tiempo. Incluso, si se fuera una especie de cínico-romántico, hasta una forma honrosa de cagarla y terminar al borde de la quiebra en 2001.

Pero para mí, el Dreamcast fue una consola tan impactante como una película porno… a los 10 años. Ocurre que en 1998 (aunque probablemente fue algunos años después) tenía 10 años y un primo que se dedicaba al entonces increíble mundo de la reparación de computadoras “armadas”. En una ocasión, mi primo me pidió que lo acompañara a recoger una computadora de un cliente frecuente. Acepté y terminé frente a un escritorio donde, además de haber una computadora por reparar, había varias películas porno. El “cliente” pensó adecuado mostrarme una (lo fue, ciertamente). Solo que la película era lo que hoy entraría en la categoría de porno hardcore, que encima, era demasiado explícito. Yo habré tenido 10 o 12 años, y aunque no era un chavo tan inocente, definitivamente en 1998 o 2000 no había un acceso tan pronto y expedito a internet como hoy, y por tanto, la pornografía se limitaba a un borroso canal 99 (el de Playboy) o revistas. Por eso aquella película fue algo memorable.

Después del momento de shock, el “cliente” pensó en algo todavía mejor. Mostrarme su Dreamcast, una consola que en 1998 o 2000 había conocido por revistas como EGM en español o Atomix, pero de la que sabía poco a excepción de que se veía mejor que el poligonal Link de The Legend of Zelda: Ocarina of Time. El “cliente” también me presentó al Dreamcast con un juego bastante peculiar, 18 Wheeler: American Pro Trucker, un juego arcade que consistía en manejar tráilers y estacionarlos. Recuerdo con absoluta lucidez que cuando el “cliente” me vio cagarla al querer tomar una curva en una calle me dijo: “Así no. Tienes que abrirte como un auténtico trailero”. Y sí, tomó el control y lo hizo como un auténtico trailero.

Después de jugar un poco de 18 Wheeler, “el cliente” me mostró dos de los juegos más maravillosos del Dreamcast, según el consenso de varios jugadores: Marvel vs Capcom 2 y Resident Evil: Code Veronica. Independientemente de la calidad de ambos juegos, observé algo que ya no ocurre con las consolas de actual o pasada generación. Supe que un PlayStation ni tampoco mi Nintendo 64 eran capaces de ejecutar juegos como esos.

Nunca tuve un Dreamcast. Tiempo después jugué en Game Cube uno de los juegos más maravillosos de esa consola –Ikaruga–, y claro, varias adaptaciones de juegos que nacieron allí. Creo que debió ser maravilloso jugar cosas tan avanzadas como Shenmue en el 2000, pero si fue tan maravillosa, es absurdo que haya fracasado. Pero no importa, para mí el Dreamcast es especial porque el día que jugué con ella por primera vez vi una gran e impactante película porno, también por primera vez.

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