El mayor problema de Mad Max se llama Max

Mad Max no es un juego malo. Tiene un mundo abierto de gran tamaño, sus gráficos están a la par de los demás juegos de su generación, y sus sistemas de juego son suficientemente variados y pulidos para mantenerte entretenido por lo menos durante el tiempo que te lleva llegar desde el primer minuto de juego hasta que terminas la última misión del modo campaña. Sin embargo, Mad Max dista mucho de ser un juego inmediatamente recomendable y todo se debe a una sencilla e incambiable razón: Max.

Mis razones para designar al culpable son dos y son muy simples: Avalanche Studios (que no es lo mismo que Avalanche Software, los de Disney Infinity) tiene experiencia en mundos abiertos. La serie Just Cause es el más claro ejemplo de ello: Just Cause fue gigante y Just Cause 2 fue aun más grande. La serie con el protagonista con el nombre más chévere en la historia de los videojuegos –Rico Rodríguez– supo maravillar a los jugadores con explosiones, vehículos y un arpón/gancho. Si tan bien lo saben hacer, era de esperarse que Mad Max tuviera alguna de esas tres cosas y, de hecho, Mad Max las tiene todas.

Tu auto es lo único colorido que verás en todo el juego. Y eso si tú decides pagar para pintarlo.
Tu auto es lo único colorido que verás en todo el juego. Y eso solo si tú decides pagar para pintarlo.

Por otra parte, todos amaron Mad Max: Road Fury. Hasta ahora no hay persona que haya visto la película que, al enterarse de que yo aún no la veo no me haya regañado. “Es la mejor película del año” es la frase que más he escuchado durante esas conversaciones. Tanto, que hasta me da miedo ver Fury Road y sentirme desilusionado de la misma manera en que me desilusionó Gravity, luego de que tooooodos dijeran que era increíble y a mí me resultara apenas entretenida (la verdad es que está bien apestosa, pero mi amor por Cuarón no quiere aceptarlo).

¿Qué podría salir mal de mezclar la mejor película del año con un estudio que hace tremendos mundos abiertos? Nada, aparentemente.

Desgraciadamente, es la combinación la que lo echa a perder todo. Mad Max (el juego) no tenía por qué ser un mundo abierto porque, ¿quién diablos quiere un mundo abierto tan desolado y pinche como un gigantesco desierto? Generalmente la gente quiere irse a la tzingada de los desiertos. ¿Por qué habría el jugador de desear quedarse ahí a ver qué sucede? ¡No hay nada! Ni animales ni vegetación ni cambios de colores ni sorpresas ni nada. Lo acepto: de pronto te topas con cuevas y barcos y aviones que dan sabor al escenario pero, si lo comparas con un Just Cause (o Grand Theft Auto o Red Dead Redemption) el desierto resulta ser el lugar en el que definitivamente no querrías estar.

Él es Lord Scrotus. La verdad, creímos que estaría mucho más arrugado y peludo.
Él es Lord Scrotus. La verdad, creímos que estaría mucho más arrugado y peludo.

Sin embargo, no solo el desierto es un pedazo de tabla al que buscan pintarle caritas para hacerlo entretenido; Max o Mad Max o como sea que se llame ese tipo es un personaje aburridísimo. Entiendo: mataron a su esposa y mataron a su hija, y su vida nunca volverá a ser divertida. Es una postura razonable. Pero, ¿qué crees, Max? ¡También le pasó eso a Joel, de The Last of Us, y a Batman y a Max Payne y a una infinidad de clichés de tipo rudo y poco sonriente en los videojuegos. Todos esos antihéroes sufren y buscan una razón para encausar su ira y pintarle dedo al mundo: Bruce Wayne se volvió superhéroe, Joel adopta a Ellie, Max Payne se pone camisas floreadas. ¿Y Max? ¡Max quiere un carro con motor V8! ¿En serio? ¡Sí, un V8 porque el V6 no le basta! Como era de esperarse, desde el planteamiento, Mad Max cae en una espiral descendente de tedio.

Cabe mencionar que Avalanche lo hace extraordinariamente bien considerando sus limitantes. Sin duda, el de Mad Max es un desierto con muchas cosas que hacer pero el problema es que las cosas que se pueden hacer en el desierto no son muy divertidas: o buscas agua/comida o buscas hojalata para mejorar tu coche o buscas romperte el hocico con alguien. Con esas tres variantes, Avalanche logra engancharte por lo menos 10 horas antes de que empieces a preguntar por algo distinto. El problema es que si quieres un sabor distinto, tienes que largarte del desierto.

El combate vehicular es divertido… hasta que lo repites mil veces.
El combate vehicular es divertido… hasta que lo repites mil veces.

La experiencia con Max es exactamente lo contrario. Utilizarlo al inicio es una tortura: el combate derivado de la serie Arkham se siente horripilante, pero poco a poco se va aflojando hasta hacerse desafiante y entretenido, con suficientes variantes para mantenerte comprando mejoras por un buen rato. Al aparecer la escopeta, las armas largas y los cuchillos, su utilización brinda suficiente variedad para aguantar lo repetitivo que se vuelve tomar un fuerte tras otro tras otro. Por su parte, la parte vehicular, sin duda el momento estelar del juego, se beneficia de las armas secundarias que puedes utilizar desde tu carro: un arpón, una escopeta o un arpón electrificado, aun si gran parte de las mejoras se sienten casi intrascendentes. Tumbar un espantapájaros es divertido las 10 primeras veces. Atacar una caravana es una experiencia fresca las dos primeras veces. Acabar con un francotirador es divertido un rato. Deshacerte de las protecciones externas de un fuerte es emocionante… hasta que te das cuenta de que no hay mucho más que eso.

Desierto hasta el horizonte. Ahí es donde juegas.
Desierto hasta el horizonte. Ahí es donde juegas.

Y ese es el problema fundamental de Mad Max: no hay mucho más que eso. ¿Qué se necesitaría para que hubiera más? Cambiar de entorno posiblemente habría mejorado sustancialmente el juego. Otro protagonista menos acartonado y menos obsesionado con su V8 habría resultado en una trama más relevante y menos chantajista. Cualquiera de esos dos cambios, sin embargo, habría provocado que Mad Max hubiera dejado de ser Mad Max. ¿Y si hubieran intentado una experiencia que no se desarrollara en un mundo abierto y que fuera mucho más controlable? Tal vez habría sido la solución más adecuada, aunque eso habría alejado a Avalanche de su zona de confort, de su Rico Suave Rodríguez.

Mad Max no es la atrocidad que todos dijeron, pero tampoco es el juego del año. Es uno de esos títulos ideales para rebajas, regalos y PS Plus/Games with Gold. Considerándolo en esa categoría, es un juego cumplidor.

 

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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