The Binding of Isaac: Rebirth — El gore no es para los débiles

Imagina que un día despiertas y tu madre quiere guardar tremendo filemón (cuchillo cebollero, pues) en tu lomo. Bueno, pues así de perturbadora es la vida de Isaac y su eterno huir a través de peligrosos sótanos llenos de popó.  La historia es impactante, y aunque carece de giros de tuerca y eventos inesperados, es la introducción perfecta para un sistema de juego adictivo, estratégico y rpgesco.

Para empezar, debes saber que todo en The Binding of Isaac: Rebirth es aleatorio. Las habitaciones, enemigos y hasta los jefes finales se generan al azar; de ahí que contar con una memoria privilegiada no garantiza la supervivencia pero mantiene fresca la claustrofobia al cruzar cada puerta. Por eso que no te engañé su diseño infantiloide, pues cada recorrido es estresante, no solo por la clara desventaja frente a enemigos que se aprovechan de tus debilidades, sino porque, si en algún punto mueres, tus ítems, monedas y habilidades se van al demonio y reinicias el juego de cero.

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Y no, no malinterpreten mi descripción amargosa. El juego no es malo; al contrario, el reto que significa llegar lo más lejos posible y apostar por un azar generoso que permita transformar a nuestro personaje en una arma de destrucción masiva hace que explores cada rincón y tan pronto te hagan picadillo, piques inmediatamente “comenzar de nuevo”.

La vista isométrica ofrece una insuperable perspectiva de cada habitación, lo que ayuda a evitar cualquier peligro o planear una estrategia. Tal vez disparar lagrimas hacia los lados, arriba y abajo no resulta tan efectivo cuando la pantalla se llena de enemigos y se extraña el disparo en diagonal, pero tampoco es suficiente para descalificarlo y mandarlo al caraxo. Sobretodo cuando después de un rato descubres que mantenerse en constante movimiento compensa cualquier piedra en el camino.

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El universo de Isaac luce como una caricatura de barra familiar [nota del editor: la “barra familiar” de Sir Draven suena aterradora], pero supura temática gore. Paredes y pisos adornados con vísceras y sangre, forúnculos y esfínteres prolapsados que te persiguen, y hasta caquita con ojos y boca que revienta en medio del típico eco que escuchas cuando te sientas al trono, son solo algunos de los enemigos que se atraviesan en tu camino y son tan castrosos como puedas imaginar. Algunos esquivan tus ataques y otros tiene un andar errático que arruina cualquier intención de estudiar sus movimientos. Aun así, todo es maravillosamente simple, divertido y grotesco.

Al final, el avance es un eterno déjà vu: entra a una habitación, despeja para desbloquear las puertas y avanzar al siguiente, encuentra al jefazo y descender a un nuevo nivel. Pero por tedioso que suene, la aletatoriedad mantiene pegado al control. Esta a veces juega a favor, como cuando llegas a tiendas o pequeñas salas arcade donde recuperas salud o ganas algo de cash, y a veces en contra, como el morir a los veinte segundos de juego.

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Mi única queja es la excesiva variedad de objetos y la falta de descripción de los mismos. Después de jugar horas es fácil identificar el efecto de un objeto por su diseño, pero cuando son nuevos es común descubrir su pésimo efecto a la mala, pues no solo se equipa hasta encontrar uno nuevo, sino que sacrificas el objeto previamente equipado y la experiencia y seguridad se arruinan. Y no veo a nadie jugando con la Wiki a un lado consultando efectos de nuevos objetos antes de recogerlos.

Pon a prueba tu testarudez, consigue los más de diez finales distintos y sobrevive en este submundo adornado de pus, vísceras y caquilla.

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