Everybody’s Gone to the Rapture sería una gran atracción de Disney

Everybody’s Gone to the Rapture es una bestia extraña. Sus escenarios hermosos y llenos de naturaleza contrastan con la soledad que los habita. ¿Para qué estar en un gran lugar si no tienes con quién compartirlo? El “qué ganas de estar ahí” desaparece tan pronto ves parvadas enteras de pájaros muertos y kleenex con sangre por doquier. No quise pensar en 28 Days Later, mucho menos en The Walking Dead, pero es inevitable, al grado en que mejor terminé por quedar en un punto medio mucho más interesante: The Leftovers.

The Leftovers, una novela que fue convertida en serie para HBO –¡y que está por estrenar nueva temporada!– narra la historia de un pequeño grupo de personas mientras aprenden a lidiar con las secuelas de la desaparición súbita de 2% de la población. Hay quienes estaban en el supermercado y, mientras empujaban el carrito, dejaron de existir. Sin importar si eran bebés, mamás, alcohólicos o divorciados, muchos desaparecieron. La gente perdió las ganas de vivir: dejaron de creer en las religiones tradicionales (incluso hay una nueva religión fundamentada en el suceso aquel), dejaron de funcionar con las expectativas de una vida regular (cualquier día podrían desaparecer de la misma manera en que lo hizo aquel 2% faltante), y se deprimieron.

A pesar de que el poblado inglés donde ocurre Everybody’s… está deshabitado, la luz que te sirve de guía a lo largo del recorrido replica conversaciones que los habitantes del lugar tuvieron en momentos previos a la desaparición de todos. Justo a través de esas charlas y de pequeños detalles en los escenarios es que sentí la vibra fatalista y theleftoversesca: desaparecidos, hemorragias, cuarentenas sin razón… Estuve a la espera de la trillada explicación zombi a lo largo del juego; incluso por momentos, cuando entré a esas casas de dos plantas con corredores estrechos, me sentí dentro de P.T. y se me puso la piel de gallina. Y justo eso es un gran logro de Everybody’s…: es hasta prácticamente más allá de la mitad del recorrido que entiendes qué tipo de historia te cuentan durante las tres o cuatro horas que dura.

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Es difícil transmitir las cualidades de Everybody’s Gone to the Rapture sin contar mucho de la trama. La obra de The Chinese Room es como subirte a un carro en un recorrido de Disney y dejarte llevar por lo que la luz quiere mostrarte. Mantén presionado el stick izquierdo hacia adelante mientras te relajas y ves todo lo que el juego quiere mostrarte. Al menos eso fue lo que sentí durante el primer recorrido de principio a final que realicé, donde obtuve un impresionante récord de cero trofeos (incluso llegué a pensar que intencionalmente carecía de trofeos). El juego tiene pocas indicaciones más allá de que X sirve para interactuar y el giroscopio para activar algunos eventos, por lo que apenas completándolo una vez entiendes qué es lo que debes buscar. Y son justo esos pequeños objetos escondidos y aparentemente intrascendentes los que enriquecen más la trama: radios, teléfonos, mapas que dan color.

Si partimos de que para que un videojuego sea un videojuego es necesario que presente al consumidor la posibilidad de fracasar, de ver esa odiosa pantalla de Game Over, entonces Everybody’s Gone to the Rapture no es un videojuego. De hecho, Everybody’s Gone to the Rapture es más una visita a un museo que un videojuego: vas sala tras sala comprendiendo un poco más a cada paso. Si lo deseas, puedes detenerte a leer pequeños fragmentos de audio que te informen más sobre los sucesos, aun si tu guía puede llevarte de inicio a fin sin siquiera mencionar dichas grabaciones. Su ritmo es lento y no es para aquellos que quieran disparar y saltarse los diálogos. Tampoco es para aquellos que esperen desquitar el precio pagado repitiendo el recorrido una y otra y otra vez. Al mismo tiempo, la barrera de acceso de Everybody’s… es nula: cualquiera puede apreciarlo sin miedo a ser muy torpe con un control. De cierta forma, es justo igual a The Leftovers: jamás será The Walking Dead, con sus tremendos efectos especiales, su horario estelar y su exceso de sangre. Sin embargo, para quienes tengan la paciencia y soporten su ritmo pausado, Everybody’s Gone to the Rapture es una agradable experiencia interactiva.

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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