Belmonteando

La historia de hoy comienza en un pequeño local de maquinitas o arcade en la calle de Galicia en la colonia Álamos del Distrito Federal, a unas cuadras de la casa de un amigo que conocí a finales de los ochenta. Un día este amigo me dijo que habían puesto una máquina donde peleabas con un látigo en el castillo de Drácula. Ese mismo día me hice tiempo para ir con él y con su hermano a jugar la mencionada máquina: Haunted Castle.

En la introducción del juego se veía una pareja muy bien vestida alejándose de una iglesia; queremos asumir que se acababan de casar, y súbitamente aparece Drácula para robarle a la novia sin ningún miramiento (creo que nunca vio o leyó El graduado). Después de estar impecablemente trajeado (con pechera de encaje y todo) la siguiente vez que lo vemos trae puesta una botarga como de luchador, con botas con peluche, brazaletes, cinta en la cabeza y un látigo para atravesar un cementerio que después nos enteramos que lleva al castillo de Drácula.

Hasta ese momento yo sabía que existía un juego que se llamaba Castlevania porque había visto la publicidad en alguna revista, pero nunca me había puesto a investigar de qué se trataba. Después de tirar no sé cuántas monedas o fichas en esa máquina sin poder pasar del tercer nivel, fuimos a un local que estaba a varias cuadras de mi casa donde rentaban juegos de NES, a buscar el mencionado juego y corrimos con suerte; no solo estaba Castlevania, también estaba Castlevania II: Simon’s Quest.

Después del viaje, regresamos a la casa a poner el cartucho en el NES y a quedar maravillados porque tanto los gráficos como el juego eran muy parecidos a la máquina. Creo que al día siguiente antes de devolver el juego fuimos a buscarlo al centro, en un tianguis llamado Meave, y logramos nuestro objetivo: dos copias de Castlevania. Una abierta, pero en buen estado, y otra nueva y sellada. Cada quién se fue a su casa a jugarlo y, tras algunos días de jugar Castlevania, llegó el momento en el que llegué con Drácula. Si bien fue difícil y me llevó varios intentos matarlo, una vez que memoricé sus ataques, lo vencí y pude ver como el castillo de Drácula se derrumbaba y Simon Belmont era testigo de esto desde un risco lejano (quién sabe cómo había llegado hasta allá tan rápido o qué había usado para que el castillo se derrumbara después de que se hubiera puesto a salvo con una vista de precisión cinematográfica).

En ese momento me convertí en fan de Castlevania.

Castlevania II: Simon’s Quest representó un reto diferente, al ser más un RPG que un juego de acción. Para cuando jugué Simon’s Quest ya anunciaban Castlevania III: Dracula’s Curse en las revistas y «hypeado» no alcanza a describir mi sentir hacia ese juego a mis casi 20 años.

Llegó el día que pude tener en mis manos el tan deseado Castlevania III en mi consola y solo necesité dos horas para que se convirtiera en mi Castlevania favorito hasta el momento de escribir esto, y por obvias razones con Konami, no creo que vaya a llegar uno nuevo que le vaya a quitar ese lugar (con todo y que me encantan Symphony of the Night, los de Gameboy Advanced y los dos Lords of Shadow).

Aquí jugamos con Trevor, el alma en pena del Clan Belmont al que le toca la cumbre (para mí) de los juegos de la serie.

castlevania_3_d
La primera encrucijada de Castlevania III: Dracula’s Curse.

La primera vez que tenemos que elegir un camino y subimos a la torre del reloj a pelear con Grant, al vencerlo despierta de un trance y se ofrece a unirse a nosotros en la lucha con Drácula. El hecho de tener que regresar por el mismo nivel le daba algo diferente al juego, algo que a menos que la memoria (o la ignorancia) me traicione, yo no había visto hasta ese momento. La música de la torre del reloj, ese chiptune que intentaba emular un clavicordio fue parte integral de la experiencia que daba Dracula’s Curse. Poco a poco todos los elementos de Castlevania iban llegando: el agua bendita, las dagas, las hachas y las cruces le daban una coherencia muy familiar a una experiencia nueva y extensa. Al no tener forma de guardar el avance, los passwords en forma de cuadrícula con figuras eran una manera muy bien pensada para poder superar las dificultades técnicas de la consola y el cartucho.

Después de bajar la torre podíamos atravesar The Mad Forest para ir a recoger a Sypha y más adelante ir a Alucard’s Cave para conocer por primera vez a Alucard. Me encantaba la manera en la que podíamos cambiar de personaje para sortear diferentes obstáculos, o simplemente para no ver a Trevor durante todo el juego; ya fuera trepando paredes con Grant, usando la magia y el bastón de Sypha o volando con Alucard. Ya fuera peleando contra momias, piratas decapitados, el monstruo de Frankenstein, o enanos saltarines, cada nivel era perfectamente acompañado con música capaz de llevar mi estado de ánimo por el escenario que me encontrara.

Ya bien adentrado en el castillo, llegó el momento de enfrentarme a uno de mis jefes favoritos de todos los tiempos: la muerte. Si bien al principio era como la del primer juego, la segunda parte de la pelea es la que me hace recordarla: se convertía en un cráneo gigante que ocupaba gran parte de la pantalla y que se iba moviendo para aplastarme si no me quitaba a tiempo. Con el tiempo, el reto de matar a la muerte [Nota del editor: juarjuar] se redujo considerablemente, ya que usando el agua bendita la vuelve un jefe de burla, casi tanto como el último jefe de Ninja Gaiden también de NES con el Jump and Slash.

La etapa para llegar a Drácula tenía cuervos, puentes, péndulos y más peligros que culminaban en una batalla épica como ninguna hasta ese momento: Drácula en tres formas diferentes; Primero en forma humana que aventaba tres ‘bolitas’, después una masa de cráneos con carne (siempre me he preguntado a qué olería ese último cuarto), y una Gárgola en la pared mientras dos plataformas del piso se desprendían y me llevaban por toda la pantalla.

castlevania_3_c
Oh, Drácula, Señor de los Vampiros…

Dependiendo de nuestro compañero Grant, Sypha o Alucard,o si íbamos solos, Castlevania III: Dracula’s Curse tenía cuatro finales, que si bien era la misma imagen al fondo del castillo derrumbándose, se veía Trevor solo o acompañado con un pequeño texto que cambiaba de acuerdo con el aliado que hubiera seleccionado.

Tuvieron que pasar muchos años para poder terminar Haunted Castle, pero ya no fue en arcade, sino en emulador.

Desde entonces Castlevania ha sido una serie que se volvió casi obligatoria para mí, y aunque debo decir que no he jugado todos los juegos que han sacado de la serie, tuve la fortuna de poder jugar en su momento el Rondo of Blood en el TurboGraFX 16 que me prestó otro amigo por un par de semanas junto con el shooter de navecitas más grandioso que yo haya jugado y del que no ahondaré en esta de por sí extensa historia: Blazing Lasers.

Siempre me quedé con la ilusión de que sacaran una re-edición de Castlevania III: Dracula’s Curse para alguna consola más moderna con gráficas al estilo Symphony of the Night, así como lo hicieron con la trilogía de Ninja Gaiden en el SNES, pero bien hecho. Nunca sucedió.

Acerca de NimbusXV

Gamer desde finales de los 70. Dark Souls Maniac... NFL Scholar...

Más Chyk

Dark Souls – La última y ALV #001

Bienvenidos a la despedida de Dark Souls antes de que llegue el Remastered el 25 …