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God of War III Remastered es el Furia de titanes de los videojuegos [Opinión]

Advertencia: El primer párrafo de esta nota tiene un spóiler de  la cuarta temporada de Game of Thrones (la anterior a la última, pues) y uno del primer jefe de God of War III. Todo lo demás está libre de cochinadas.

Kratos está enojadísimo. No estoy seguro de si es por la terrible cesárea que alguien le practicó sin contemplar siquiera las mínimas normas de higiene y seguridad, o tal vez porque, justo igual que yo, no entiende nada de la trama. Lo cierto es que el pelón rabioso este acaba de hacerle a Poseidón lo que The Mountain le hizo a Oberyn Martell en Game of Thrones. Llevo alrededor de media hora de juego y, más allá de que tengo que matar a todos los que se me crucen y que ando subido en una titán (¿titana?) llamada Gaia que tiene voz de que se metió dos mil centímetros cúbicos de helio por el hocico, no tengo idea de qué estoy haciendo. Por cierto, si me lo preguntan, sin duda Kratos debería buscar un abogado para demandar al que te practicó esa cesárea; y su cicatrización es queloide. Qué pinshi asco.

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Hay un trofeo llamado ‘Mr. Hand’. Enfermitos.

Para ser sincero, no puedo juzgar God of War III Remastered como un jugador amante de la serie. La he intentado jugar varias veces –posiblemente incluso acabé el primer GoW, aunque no lo recuerdo– pero he fracasado una y otra y otra vez en el intento. Recuerdo haber comprado justamente God of War III cuando adquirí mi PlayStation 3 y recuerdo haberlo abandonado antes de siquiera llegar al segundo jefe. Siento haber jugado un buen tramo de Ascension también, pero no lo suficiente para que se quedara en mi recuerdo.

Dicho todo eso, se justifica que empezara a jugar con no mucha paciencia (y eso se vio reflejado en mis primeras impresiones). No estuve particularmente involucrado con la furia incontenible de Kratos ni con los gráficos de vieja generación revestidos con texturas más detalladas pero, a final de cuentas, gráficos de vieja generación (esa piel plasticosa de Hephaestus debe de rechinar horrible cuando se sienta en los sillones forrados de la tía Gloria). Sin embargo, God of War III me empezó a ganar poco a poco. Primero fue ese combate tan simple y espectacular; después, todo lo demás.

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Hephaestus tiene un problema dermatológico gacho.

Lo admito: esa cámara fija comenzó pareciéndome un dolor de cabeza: no dejo de poner el dedo pulgar en el stick derecho. Intento girar la cámara y lo único que consigo es rodar como oso panda. Caigo en un barranco por primera vez. Yo digo que fue culpa de la cámara. Lo intento de nuevo y vuelvo a quedar corto. Lo intento por tercera vez. Voy al suelo otra vez. Es un hecho: esa vista no ayuda a calcular la distancia a la que quedas de una plataforma. El juego tarda cosa de nada en cargar de nuevo la partida, así que la frustración no es tanta, pero God of War III no está hecho para ser un juego de plataformas y, en los pocos momentos que lo intenta, fracasa terriblemente. Afortunadamente, son muy pocas las ocasiones.

Luego de un par de horas más de pegarle a todo lo que se mueva, me doy cuenta de que realmente estoy disfrutándolo. God of War III lo hace bien, sin importar que sea un juego viejo. Llego hasta Hephaestus y lo veo, con la antes mencionada piel plasticosa, bañándose en lava, y no dudo en probar el Photo Mode. No es espectacular ni tampoco es un agregado que amerite pagar esta edición remasterizada, pero al menos permite divertirse un poco con las imágenes que uno toma (todas las imágenes de esta reseña fueron tomadas en esa modalidad, por cierto), en especial cuando uno llega a momentos espectaculares, y la batalla contra Hades vaya que es espectacular.

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Tienes zoom, marcos y todo lo que el instagramero de corazón necesita.
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También puedes ponerle filtro rojo y hacer que tu imagen horrible se vea aceptable.

Pelear contra Hades es la mejor combinación de grotesco y divertido que he experimentado en videojuegos en mucho tiempo. Botarle pedazos de músculo que después reptan intentando regresar a su dueño es algo salido directamente de The Evil Dead. Sin embargo, esa cualidad grotesca de GoW III no se limita a Hades –aun si fue mi batalla favorita–; el juego está repleto de momentos puaj: arrancarle el ojo a un gigante, la antes mencionada ejecución de Poseidon, lo que les haces a todos los demás dioses, el despescuezadero de minotauros, medusas y centauros… Una cabeza de marrano en un puesto de mercado es menos grotesca que 10 minutos de esto. ¡Y eso es fabuloso!

Hércules fue con el mismo cirujano que Kratos.
“Oye, Hércules, ¿y esos arañazos en el pecho?” —”Es muy mi león y yo le hago lo que quiero.”

Fabuloso es sin duda el combate y la manera progresiva en que se va complicando. Aun si el desarrollo de tus habilidades es muy típico (empiezas con el arma A, luego consigues la B y de ahí la C y, blablabla), la posibilidad de intercambiarlas al vuelo enriquece tremendamente cada botonazo que sueltas. Claro, puedes terminar el juego con solo presionar el botón cuadro. Sin embargo, hacer volar a los enemigos, darles unos cuantos golpes, atraerlos y otra vez hacerlos volar es, posiblemente, el más divertido y accesible simulador de malabarismo que encuentres en consolas. Y, si a eso sumamos que el juego no deja de presentar nuevas ideas y enemigos constantemente y hasta su último segundo, entenderás qué significa ‘fabuloso’.

La escala de los enemigos es fabulosa.
La escala de los enemigos es sorprendente.

De cualquier manera, cabe mencionar que no todo es fabuloso. Hay un segmento muy breve en el que Santa Monica Studio intenta fallidamente hacer un juego musical –¡por favor no lo vuelvan a hacer!–, mientras que en otros momentos se empeña en utilizar tramos poco ingeniosos y completamente olvidables en los que tienes que dirigir a Kratos mientras cae o sale volando por un túnel, y evitar que se estampe contra columnas. La trama es completamente intrascendente y el final tiene escenas no interactivas tan largas que por momentos pensé que las había dirigido Hideo Kojima. En lo que respecta a la actualización gráfica, God of War III Remastered se ve bien… para ser un título de hace cinco años. Por tanto, no esperes Batman Arkham Knight.

En resumen, la mejor forma de describir God of War III Remastered es imaginarlo como un filme de esos en los que participó Ray Harryhausen. Así como Sinbad y el ojo del tigre o Furia de titanes son películas épicas y emocionantes sin importar si su animación stop-motion actualmente las hace ver viejas, God of War III es épico y emocionante de principio a fin, sin importar cuántas mecánicas y gráficos no tan pulidos uno se encuentre en el recorrido. Ahora, ¿vale la pena volver a jugar God of War III Remastered si ya jugaste GoW III? Posiblemente dependa de qué tanto recuerdes el original y qué tanto desees volver a jugarlo. ¿Vale la pena jugar GoW III Remastered si no has jugado ningún otro GoW? Por supuesto que Zeus.

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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