Quiero echarle un ojo a Oculus Rift

Finalmente está aquí. Bueno, casi. Lo único que está “aquí” es su fecha de lanzamiento; Oculus Rift, el prometedor visor de realidad aumentada que ganó el visto bueno de John Carmack –que de plano renunció a id software para incorporarse a Oculus– y hasta del patán de Cliff Bleszinski, llegará a las tiendas durante el primer trimestre de 2016, y lo hará junto con un control de Xbox One, aunque en el futuro Oculus lanzará unos joysticks minimalistas llamados Oculus Touch.

Tuvieron que pasar exactamente tres años y un día para que Oculus presentara la versión del Rift que llegará a las tiendas el próximo año, que dicho sea de paso, luce bastante diferente al primer kit para desarrolladores. Atrás quedó el burdo modelo que parecía que se desarmaba con unas llaves. El nuevo modelo, en cambio, luce como un producto que de hecho querría comprar aun cuando no tengo idea de cómo se sientan las mejoras respecto de Crescent Bay, el tercer kit para desarrolladores que tuve la oportunidad de probar en el CES 2015.

rift-crystal-cove
La llave que enciende el vocho de este tecleador también desarma un Oculus Rift.

Aclaro que soy un tipo escéptico por naturaleza. Como Scully en The X-Files, pero sin la greña pelirroja y el gafete turbo godín del FBI. Por eso cuando la demostradora de Oculus me dijo en el CES “no tienes que caminar, voltea todo lo que quieras, pero por favor, no camines porque vas a estrellarte con la pared”, pensé que me estaba tomando por un idiota. No fue así. Ponerte un Oculus Rift en la cabeza equivale a sumergirte en un mundo que por fin puede hacer alarde de su nombre: virtual.

Aquella vez acabé sorprendido (y sí, sí di un par de pasos). Si no hubiera tenido una agenda tan apretada hasta me hubiera formado otra vez para probar el mismo demo. En esa ocasión mi experiencia con Rift pasó por un demo donde un Tiranosaurio Rex me persiguió por un museo –qué paradoja, Oculus es una experiencia realista que te muestra puras cosas irreales– hasta un demo de Unreal Engine 4 lleno de soldados hipermamados que hubiera jurado son creación del mismo tipo que diseño a Marcus y Dom de Gears of War.

Ese tipo está jugando a abrazar a Pacquiao, ¿apostamos?
Ese tipo está jugando a abrazar a Pacquiao, ¿apostamos?

Por eso no siento mas que emoción –y un poco de envidia– por los tipos que hoy están probando Oculus Rift en San Francisco. Mis cinco minutos con el Rift en Las Vegas fueron motivo suficiente para que confiara en el trabajo de Luckey y Carmack. Independientemente de mi fanatismo hacia Doom, creo que si en el mundo hay un tipo que puede llevar a Rift a buen puerto es Carmack, entre otras cosas, porque entiende que los videojuegos son experiencias que se disfrutan desde un sillón, no desde una absurda andadera de $500 dólares.

Eso sí, no hay ni un indicio de cuánto va a costar Rift, aunque los kit de desarrollo oscilaban en los 300 dólares. Si lo ponen en $200 va a ser un trancazo. Señor Videgaray, aplaque los dólares, por favor.

Acerca de Allan Vélez

Más Chyk

Los 17 años del Dreamcast y mi primera película porno

El Dreamcast fue una consola extraña, y hoy cumple 17 años de haber sido lanzada …