Diario de Bloodborne #007: La alberca

Aviso: vienen spóilers. Si no has llegado a Forbidden Forest o a Iosefka’s Clinic, vade retro Satana.

Volver a Bloodborne luego de un par de semanas de haberlo abandonado es como regresar a una alberca fría: cuando estabas dentro sabías que el agua estaba fría pero, de una u otra manera, te habías habituado a la temperatura, pero tan pronto sales al sol y quieres volver a entrar, el agua te parece helada. Mi alberca de Bloodborne está imposiblemente helada.

Mi último avance había tenido que ver con Forbidden Forest. Una pequeña colina hizo que nunca descubriera que había más Forbidden Forest, lo que provocó que me regresara a Iosefka’s Clinic, que matara a la inocente y sinceramente muy poco agraciada Iosefka, y que, luego de enterarme de la infamia que había cometido, que me encabronara con el juego y lo abandonara del coraje. En serio, estás en un juego en el que hasta las monjas matan, ¿cómo no vas a dudar de una prima de E.T.? Yo no le hice plática: saqué mi arma y de dos llegues la dejé desinflada. Perdón, Iosefka. El caso es que me sentí desilusionado.

Que Iosefka fuera una cabrona y que el tercio de Umbilical Cord que suelta pueda conseguirse de otra manera me hizo repensar mi abandono. Un día Volví a Forbidden Forest, crucé la colina hasta entonces inmaculada, llegué a una torre y encontré a un güey con una venda blanca sobre la cara. “Es como Daredevil pero en blanco”, pensé, mientras él me preguntaba si no sabía adónde podía ir a refugiarse. “¡Claro!”, le respondí, sin fijarme que lo que parecía lipstick en su rostro no era lipstick sino sangre y que esas dos personas muertas junto a él y sobre las cuales él estaba encorvado, seguramente no habían muerto de causas naturales. Aun así, mi Paragon incapaz de ser Renegade, mi paladín inmaculado, mi Witcher incapaz de cobrar por sus favores, decidió que había que salvarle la vida al pobre infeliz. Quizás era como Caitlyn Jenner y le gustaba usar lipstick color rojo sangre. ¿Quién soy yo para juzgarlo? “Vete a Cathedral Ward”, le dije.

“Oye, ¿y salvaste al caníbal?”, me preguntó mi consejero de Bloodborne (sí, tengo consejero de Bloodborne actualmente). La palabra ‘caníbal’ sonó en mi cabeza con un eco estilo sonidero. “Querrás decir a Daredevil blanco”, pensé, pero respondí: “¿A cuál caníbal?”, haciéndome bien güey aun si sabía de quién estábamos hablando. “Huy, pues va a empezar a comerse a lo que tengas en Cathedral Ward”, me dijo. “¡Pero si acabo de rescatarlo! ¡A lo mejor todavía ni llega ahí! ¡A lo mejor se perdió! ¡Igual y ya no trae hambre!”, respondí. “No, seguro ya está ahí y seguro ya se comió a alguien. Todavía puedes matarlo pero se pone cabrón.” En serio, ¿quieren que me deprima y no vuelva a jugar este pinche juego?

Me tomó más de una semana armarme de valor. Cuando entré, ni siquiera me sentí en sincronía con mi hunter. No recordaba siquiera las armas que traía ni el equipo con que cargaba. Mis Blood Vials estaban casi en ceros y las balas, igual. Decidí entrar y hacer un Chalice; el primero, al fin y al cabo soy casi nivel 70. Pasé prácticamente todo sin problemas, salvo el puente aquel que parece salido de The Goonies pero con una calaca muerta de risa mientras te avienta petardos a las patas. Nunca pude llegar a matarla hasta que (supongo) se aburrió y mejor se fue. Llegué al jefe con un solo Blood Vial. Mi Tonindrus o Tontilus o Tondrilius o esa madre redonda que echa rayos estuvo a punto de valer gorro y tuve que cambiar a la infalible Gillete. Estaba a un cuarto de vida el inocente jefe cuando me confié y en uno de esos ataques de más de tres golpes seguidos me prendió y valí gorro. Reparé mi arma, eché una farmeada de Blood Vials con la técnica NimbusXV® y volví a destruirle el alma al pobre tipo.

Una vez de vuelta en The Hunter’s Dream, decidí que era momento de enfrentar mi peor miedo: que alguien le hiciera daño a la concupiscente Arianna. Fui a Cathedral Ward y vi que ella estaba como si nada. Había una viejilla tierna que estaba tejiendo chambritas para sus nietos lobitos, según tengo entendido. Estaba Adella la monja. Donde debía estar el borrachín incrédulo –nunca vi que llegara a Cathedral Ward– había una flamita blanca con algún ítem que ya no recuerdo. “Qué extraño”, pensé. El pepenador o pepenadora que se encarga de la iglesia estaba muy alterado, no sé por qué. Di media vuelta y me dirigí al atrio, donde el caníbal estaba muy ufano recargado sobre una carreta. Platiqué con él y no sé qué dijo. Saqué el navajón y le solté un llegue. “¡Órale, pendejo!”, me respondió, aunque bien pudo haberlo dicho con otras palabras –no lo recuerdo porque yo estaba bien nervioso– y, antes de que pudiera volver a hablar, ya le había tirado otro golpe. “Igual y me lo puedo sentar antes de que se convierta en monstruo.” Pero no. Luego del segundo golpe, el infeliz ya era un lobote con voz de disco de Gloria Trevi puesto al revés.

Ahora, no voy a ocultar mi pusilanimidad: sabía que el lobo posiblemente no me seguiría al interior de Cathedral Ward, y lo sabía porque esa técnica ya la había utilizado para farmear (de manera muy poco redituable y demasiado tardada) a un Snatcher que está inhalando chemo a un costado de la catedral. Por tanto, me regresé al templo, busqué un arma larga y, de lejos, empecé a bajarle la vida.

No lo vencí a la primera, debo decirlo. Me tomó tres intentos, aun cuando era, básicamente, como pegarle a una piñata inmóvil. Claro, la piñata tiene un ataque de distancia que se alarga al llegar a la mitad de vida y vuelve a alargarse cuando lobezno está por morir, además de que –al menos para mí– no fue tan fácil leer los movimientos del infeliz. Lo maté, me mentó la madre y apagué la consola.

[youtube=http://youtu.be/lFVtEAX76qg]

Hoy jugué un rato más. Volví a Forbidden Forest. Me perdí entre cuadrúpedos cubiertos de serpientes y hombres con cabeza de víbora hasta que, otra vez por confiarme, terminé envenenado y muerto. Apagué la consola de inmediato.

Bloodborne, nos amábamos tanto. ¿Qué nos pasó?

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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  • victor octavio hernandez avila

    Ya no vas a escribir jamás??? me entretenía mucho tu “guia” o más bien en las impresiones que tuviste, muy buena. Saludos

    • pues ando ahora en fallout 4 y mis diarios de fallout 4, que son básicamente lo mismo que esto pero con otro juego. quiero volver a yharnam. prometo que lo haré pronto. gracias por el comentario!

      • Rafael Larrazolo

        también esperaré el regreso de los diarios de bloodborne!! como novato de la serie Souls me identifico bastante con tus relatos. Saludos

      • Aldo Pineda

        Recien descubrí los diarios y debo admitir que sentí un nudito en la garganta cuando vi que ya no hay más.
        Si, ya se que llego muy tarde pero me pareceria increible que tuvieras el chance de seguir escribiendo los diarios. Pueden ser del juego que quieras (continuar con los de Bloodborne estaría increible) pero creo que más de uno estaría encantado de que siguieras con ellos.

        Saludos!

        • de hecho, sí seguí con una nueva serie –los diarios de fallout 4–, pero también se terminó joven. qué pena. tengo que trabajar en mi consistencia.

          • Aldo Pineda

            Creo que debí aclarar que tambien ya me habia acabado los de Fallout XD Por eso es que sentí feo que se acabaran, porque ya no hay más (los de Bloodborne han sido mis favoritos) y me habia quedado picado con saber más de tus experiencias en Yharnam.

          • creo que yo también lo extraño. volveré!

          • Aldo Pineda

            ¡Genial, espero con ansias tu regreso! Si quieres un compañero para entrarle con más confianza yo estaría más que encantado de ayudarte. Me tienes agregado como HoroHollow, así que, si gustas nos ponemos de acuerdo. ^_^
            Saludos!