Una reseña de Dark Souls II: Scholar of the First Sin (o cómo morir para volver a revivir en el intento)

Que si no lo hizo Takataka Miyazaki, que si sus achichincles, que si tiene mucho color y es muy brillante, que si me invaden y lloro, que si el mapa no tiene sentido, que si me gankean en PvP. De estas quejas, hay muchas diferentes en internet por parte de la “comunidad” de Dark Souls (sí, esa misma comunidad que aplaude que tres tipos te gankéen brutalmente en “torneos”).

Mi particular opinión es la siguiente: después de más de 600 horas combinadas en las tierras de Boletaria (Demon’s Souls), Lordran (Dark Souls) y Drangleic (Dark Souls II), mi primera muerte en Scholar of The First Sin no podía ser de otra forma que en el tutorial, justo donde te “enseñan” como es el salto para pasar de una plataforma a otra. Sí, ese mismo salto maldito y simplón que me ha matado más veces de las que quisiera admitir. De repente, en el mismo tutorial, un enemigo petrificado bloqueando la entrada que lleva al ataúd de cambio de sexo (para los trannies) y los dos Hipo-Gigantones que al comenzar el juego te matan de un golpe me daban un aviso de lo que estaba por venir.

Para Forest of the Fallen Giants me quedó bien claro: más enemigos, más rápidos y –lo mejor– más agresivos. Después de tantas horas (cerca de 200) en Dark Souls II, la ubicación de ítems, enemigos y la manera de darles la vuelta es algo que ya me sé de memoria. Los primeros 50 minutos en Scholar of the First Sin me dijeron: “Conque ya te sabías todo, ¿no? Pues, ¡finger!”. Los enemigos ahora te persiguen por mucho tiempo sin perder la agresividad. Esto se traduce en que tarde o temprano te alcanzarán y recibirás una violación tumultuaria con todas las de la ley en el momento en que la energía se acabe o te atores con algún objeto que no estaba ahí en la versión anterior.

Ese sentimiento de exploración mezclado con la frustración de ver qué hijos de $#%$&#$ me salen en el siguiente cuarto/pasillo/área es lo que primero me atrajo a la serie Souls, y es precisamente lo que Scholar me está brindando. Y como plus, mayor dificultad.

Al llegar con el primer jefe, The Last Giant, el sentimiento se disipó un poco, ya que sigue siendo el mismo jefe pusilánime que nerfearon como desde la actualización 1.5, sin mayor cambio a sus patrones de ataque ni al daño que inflige, con la diferencia de que ahora hay un NPC, además de Mild-Mannered Pate, que se puede sumar a la pelea para hacerla más fácil todavía.

Después de atropellar a Pursuer con ciertas dificultades y hasta ser despedazado por el black phantom Armorer Dennis con magias muy avanzadas para mi nivel, regresé a Majula a continuar con los quests de los diferentes personajes. Me encaminé a Heide’s Tower of Flame a ver cómo ahora está lleno de Heide Knights pasivos y, a lo lejos… ¡un dragón! Sí, un dragón hecho y derecho bloqueando el paso a Cathedral of Blue para subir a pelear con Old DragonSlayer. Decisión ejecutiva no. 1: vamos primero a pelear con DragonRider. El camino transcurrió sin mayores dificultades hasta que mi espada se rompió. Nueva regla en Scholar: la durabilidad de las armas es mucho menor y el hecho de no traer un respaldo competente me hizo correr como nenita a la bonfire para repararla y volver.

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Porque… ¡Fashion Souls!

 

En ese momento decidí explorar la parte más brillante de Dark Souls II: el multiplayer. En Scholar of the First Sin se pueden “invocar” hasta tres espectros al mismo tiempo, uno más que en Dark Souls 1 y 2 (de la misma manera puedes ser invadido por hasta tres jugadores al mismo tiempo). Hacer esto rompe el juego de manera en la que si los jugadores llamados traen ya historia con el juego, te puedes quedar viendo cómo entre los tres barren con el nivel (o jefe) mientras tú solo los acompañas sin hacer demasiado. Al matar al jefe de sección, los Heide Knights se vuelven agresivos y vuelven el camino en solitario al Old DragonSlayer, una monserga en la que siempre tienes al menos dos enemigos encima de ti y poco valen los tres Estus y las pocas lifegems que se traen hasta el momento. Por si fuera poco, el dragón lanza ráfagas de fuego que te dan muy poco espacio para tirarle aunque sean los calzones de lejos. Resultado: festín de dragón en repetidas ocasiones. Afortunadamente, después de morir ya no vuelve a aparecer aunque descanses en la bonfire. Después de ese trayecto el jefe es una bocanada de aire fresco por lo fácil que es. Luego me quedé un par de horas a hacer jolly cooperation y ayudar a otros jugadores a pasar al jefe. Excelente estrategia para juntar muchas almas, levelear cuando aún es barato y no llegar tan desprotegido a los niveles subsecuentes.

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Nada como un poco de Jolly cooperation para sentirnos bien después de invadir y arruinarle el momento a varios.

 

Después, en The Lost Bastille al abrir un cofre, me llevé un susto cuanto escuché un zumbido extraño, y en un cuarto cerrado aparece un Pursuer con un poder totalmente nuevo. Unas bolas de magia que maldicen instantáneamente (que nos llevan a recordar la magia negra “pursuers” del DLC de Dark Souls) y, dentro del cuarto cerrado, casi imposibles de esquivar. En Belfry Luna, un NPC invasor me hizo ver mi suerte para poder subir a pelear con las desesperantes gárgolas (cómo las odio). De ahí volví a Majula y me dirigí a Huntsman’s Copse, Harvest Valley, y Earthen Peak, que probaron ser más de la misma dinámica: mis errores me iban a costar caro, pero el momento en que abrí las puertas de Iron Keep hizo que me pusiera como niño con juguete nuevo: la velocidad y agresividad de los Alonne Knights hacen que todo valga la pena. El trayecto a Smelter Demon es intenso, y la pelea, un poco complicada. Ahí la intensidad baja hasta llegar con Iron King que sigue siendo el mismo facilote de siempre. En el cuarto con la Primal Bonfire se puede ver la entrada a Brume Tower, segunda parte del DLC, pero como aún no encontraba la Heavy Iron Key, no pude entrar, así que me fui para Majula a subir de nivel y después a Sinner’s Rise a despedazar a Lost Sinner. Camino al jefe nos quitaron a los gordinflones con cola para poner un Flexile Sentry, de ahí camino libre. Sentí a Lost Sinner más sencillo, seguramente de tantas veces anteriores que lo/la he hecho mi bitch.

Van dos Primal Bonfires y faltan dos. Quitando una doble invasión de Black Phantom NPCs en Black Gulch y un petrificado bloqueando la entrada a la Bonfire de The Rotten, se siente como un paseo por el parque. El camino a Dear Duke’s Freja ha cambiado un poco y tardé en encontrar una bonfire. Brightone Cove Tseldora se siente sencillo hasta que las arañas te rodean y te hacen cachitos. Ahora Freja tiene tres Summons o fantasmas que ayudan y con esto se vuelve como comer pastel.

Al querer encender la cuarta y última Primal Bonfire, se presenta un nuevo NPC: El Scholar of the First Sin con una gran explosión. Tras meditar extensivamente lo que nos dice, regresamos a Majula y, después de hablar con la Firekeeper continuamos nuestra aventura hacia Drangleic Castle.

El camino a Shrine of Winter es tranquilo, con todo y con el Hipocíclope que nos espera. Nada como para escribir a casa.

Drangleic Castle es donde las cosas se empiezan a poner peludas: “pequeños” cambios en el área (nótese las comillas en pequeños) vuelven la pelea con los Ruin Sentinels una historia de horror si es que pretendemos encontrar a los Pilgrims of Dark; después de eso, el juego recompensa con un ascenso tranquilo con todo e invasión de NPC. Por aquí encontramos una de las llaves para el DLC (anteriormente, al comprar el DLC, las llaves llegaban directamente a nuestro inventario; ahora hay que buscarlas por todo Drangleic antes de poder entrar a las diferentes áreas). El camino al Looking Glass Knight tiene un par de mañas, pero todo es tranquilo. De aquí en adelante la cosa se pone peliaguda.

Antes de entrar a Shrine of Amana, recordé la versión 1.0 del juego y la pesadilla que eran las Priestess of Amana, “esnaipeando” con sus souls arrows hasta el hartazgo, hasta que From Software las nerfeó ante el lloriqueo de la comunidad. Debo decir que en las dos primeras secciones no encontré esto, aunque sí fue algo complicado el paso, ya que modificaron los patrones del piso y ahora es más fácil caerse por las orillas en el agua. La tercera parte me hizo añorar con cariño a las snipers de antaño. No diré más. PESADILLA con NPC invasor incluido. Estoy seguro que el jefe, Demon of Song pega más fuerte que antes, pero fue presa fácil de los hexes que de lejecitos le tiraba cobardemente tratando de estar más o menos alejado de sus golpazos.

Después de la segunda aparición del misterioso Scholar of the Firt Sin, Undead Crypt se antojaba como una cosa fácil; sí, ajá, cómo no. De nuevo “pequeños” cambios, sumado a más enemigos y muchas “campanas” (los veteranos en el juego las recordarán bien), la vuelven –para mi gusto– el área más complicada del juego hasta el momento en que podemos abrir el atajo al jefe. Velstadt (o Bastard como le digo de cariño) es mi jefe favorito de Dark Souls II. Me encanta su armadura y la brutalidad de sus golpes, además del concepto de ser el protector del rey que tiene quién sabe cuántos años ahí encerrado. Con Velstadt vencido y al tomar el anillo del rey nos acercamos a la parte final del juego. Aldia’s Keep guarda algunos secretos y trampas para nosotros.

Al llegar a Dragon Aerie, tenemos dos caminos: la escalera que era el atajo originalmente y nos permite saltarnos todo el nivel, o despetrificar a un mongo e ir a pelear contra tres dragones maravillosos y hacernos de mucho material para ascender nuestras armas. En Dragon Shrine, el Scholar se aparece por tercera vez y nos da ciertas instrucciones a seguir. Esta área es mucho más sencilla que antes, a menos que cometamos un error y, entonces sí, el coco con el que nos mantenían a raya de niños será poca cosa con lo que viene, y esto antes siquiera de llegar con Ancient Dragon. Como soy prodragones (no vayan a creer que me espantan sus brutales ataques y sus 19,840 HP, ¡claro que no!), únicamente platiqué con él amablemente mientras me invitó un café para que me diera el Ashen Mist Heart y así poder entrar a las memorias de los gigantes.

Antes de ir a las memorias, regresé a Drangleic Castle a visitar a Throne Defender y Throne Watcher para no tener que encontrarlos después. Luego de visitar las memorias de los gigantes, con solo cuatro almas de gigante (se requieren cinco para que su multiplicador de defensa sea 1x, y Ancient Dragon da la quinta al matarlo), me fui a ver a Vendrick y, como era de esperarse me mató varias veces, no porque sea muy complicado; más bien porque pega durísimo y yo cometía errores que me costaban la vida.

Nashandra nunca ha sido un gran jefe final. Más bien es molesto por sus cosas flotantes que nos maldicen. Normalmente aquí terminaríamos el juego y podríamos proclamarnos reyes de Drangleic, pero no. Aún hay más antes de poder elegir uno de los dos finales de desde la versión 1.10 están disponibles. No les contaré qué más hay para que los descubran ustedes mismos.

El DLC no cambia en nada más que añadir unos NPCs que nos ayudan contra los jefes, y el nivel de estos va de menos a más en el orden de lanzamiento. Crown of the Sunken King es regular (lo levanta la pelea contra el Gank Squad, como se le conoce en la comunidad darksoulsera) y el nivel sube en Crown of the Old Iron King (Fume Knight y Sir Alonne hacen que valga cada centavo), hasta mi favorito, Crown of the Ivory King. Oh, Aava, te extraño…

Termino esta reseña con un comentario sobre el apartado gráfico, PvP y mis comentarios finales. En consolas de nueva generación, mejora mucho gráficamente al compararlos con sus versiones para Xbox 360 y Playstation 3. 1080p y los 60 cuadros por segundo es algo que se agradece en cualquier juego. Sin embargo, apenas alcanzan a verse cómo se ve en PC desde que salió hace ya casi un año (sin ahondar en la versión DirectX11 de Scholar que sí es la reina de todas al tener mejores texturas y mejores efectos de iluminación).

Las estadísticas finales de mi personaje.
Las estadísticas finales de mi personaje.

El PvP no cambia, sigue siendo igual de grandioso que antes. La variedad de builds que podemos hacer es prácticamente ilimitada sin perder la posibilidad de ser competitivos aun encuerados y peleando a puño (tal vez no limpio, pero puño a final de cuentas); invadir para estar fastidiando sigue siendo muy divertido y el sentimiento de “ahí viene el invasor”, cuando estamos a punto de hacer algo importante es algo que está presente de principio a fin.

Dark Souls II: Scholar of the First Sin va más allá de lo que ofrecen las reediciones en HD tan comunes actualmente: solo texturas en HD y los 60fps constantes. Scholar ofrece una experiencia nueva y diferente de la original, más brutal, y para mí esto es excelente. El reto está presente para los jugadores nuevos y veteranos. Dark Souls II: Scholar of the First es un juego con muchos guiños a Dark Souls y con un PvP superior a cualquiera de From Software (Sí, incluso superior y por mucho al de Bloodborne). Nos vemos luego, regreso a perfeccionar el Build de Fe para PvP en el que estoy trabajando.

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Acerca de NimbusXV

Gamer desde finales de los 70. Dark Souls Maniac... NFL Scholar...

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  • Manuel

    Es bueno leer una reseña de alguien que conoce a fondo el juego y que en verdad si lo acabo, no como en otros “sitios”. Me gusto, creo que me lo vendiste muy bien, en definitiva lo voy a comprar, gracias por compartir tu punto de vista.

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