Diario de Bloodborne #002: El robachicos

[Este post contiene spóilers.]

Nunca pensé que fuera cierto eso que me decía mi mamá acerca de un robachicos que recorría las calles de la ciudad con un saco en el que echaba a los niños que se encontraba solos en la calle. A pesar de no creer en él, me lo imaginaba como un teporocho típico, algo así como Garganta de Lata (de Condorito) mezclado con El Chivo de Amores Perros. Sin embargo, muchas décadas después, descubrí que los robachicos sí existen, al menos en Yharnam.

Como ya les había dicho, vencí a Blood-Starved Beast, pero resultó que era un jefe opcional; no había camino hacia adelante. En algún lugar vi una nota que hablaba sobre Oedon Chapel (siempre me pregunto si ese Miyazaki no habrá querido escribir ‘Odeon Chapel’ y ‘Yarnham’ en lugar de lo que quedó en el juego final), así que fui a Oedon Chapel. Caminé en línea recta hasta salir por la puerta principal del templo ese, maté a un tipo con máscara blanca, di vuelta hacia la escalera con la creencia de que encontraría uno de esos cuervos gigantes y huevones que nada más sirven para asustar, y ahí estaba: un robachicos genuino, con saco, túnica mugrosa y toda la cosa. El infeliz me tiró un puñetazo –o un pisotón o un golpe con su saco; es difícil recordarlo– y me mató. “Bloodborne” salió en la pantalla y, como me ha sucedido miles de veces, esperé reaparecer en la lámpara que estaba a un lado, dentro de la capilla.

Y entonces, como si estuviera en Bienvenido/Welcome –esa fenomenal obra de arte de Gabriel Retes, nuestro Clint Eastwood (juar, juar)– abrí los ojos en un lugar desconocido. No era una bañera, como en la película del director de El bulto. Tampoco había un espejo con la leyenda “Bienvenido/Welcome” en el espejo (tal vez eso fue porque no había espejo). “Bueno, al menos no me contagió el VIH”, pensé, mientras mi personaje se levantaba. “Yahar’gul Unseen Village”, apareció en mi pantalla. Estaba en una celda, aparentemente sin guardias.

No hay muchas imágenes. Prometo sacar algunas para el próximo post.

 

Miré hacia ambos lados, y me acerqué a la puerta. Estaba abierta. La peor cárcel de la historia. Recorrí el cuarto, crucé un umbral y me topé con esa disyuntiva que siempre está latente en Bloodborne: ¿voy para arriba o abajo? ¿voy a la izquierda o a la derecha? Fui para arriba. Un robachicos –ahora sé que se llaman Death Dealers– me rompió el hocico. Reinicié (¡desde la cárcel otra vez!) y mejor me fui hacia abajo. Una especie de Gollum apareció en la escalera. Tres hachazos y lo maté. Llegué al piso inferior y, juto al dar tres pasos, el hermano gemelo del Gollum me pescó por la espalda y me degolló. Así, de un cuchillazo, mi barrita roja fue de lleno a vacío. De vuelta a la cárcel. ¿Qué elegir: Gollums o Death Dealers? Fácil: Gollums. Volví abajo, maté al primero, esquivé con una maroma al segundo y lo maté. Ahí había dos celdas más llenas de tipos que fingían estar muertos. Los maté para finalmente poderme acercar a un cuarto más donde había… ¡dos Death Dealers! ¡Qué emoción me dio que me destruyeran a pedazos!

Repetí el ritual como cualquier jugador de Bloodborne lo repite –bajar, Gollums, falsos muertos– pero ahora le tiré una piedra a uno de los dos robachicos (aunque los dos vinieron). Los atraje hacia la escalera porque me empezó a dar miedo. Subí y me siguieron. Cuando empezaba a pensar que era mala idea, descubrí que los estúpidos no saben agacharse. ¡Los Death Dealers matan de un golpe pero no pueden agacharse! Se quedaron trabados al final de la escalera, así que afilé el hacha, dejé R2 presionado y ¡pum! A sentarlos uno a uno. Happy, happy, joy, joy.

No sé de quién sea este screenshot pero, si lo conocen, díganle que lo usé y le agradezco.
No sé de quién sea este screenshot pero, si lo conocen, díganle que lo usé y que le agradezco.

Bajé la escalera, llegué al fondo del cuarto originalmente ocupado por los Death Dealers con la idea de encontrar una lámpara, pero en lugar de eso encontré un hueco y una nota que no pude resistir leer. Decía algo así como “God-like creature ahead”. ¿God-like creature? ¡Acababa de matar a dos güeyes que me mataban de un golpe! ¡Yo no iba a meterme contra algo peor que eso, y menos sin una lámpara cerca! Era momento de la otra opción: subir.

Regresé todo el camino, subí la escalera y atraje al primer Death Dealer. ¡Se atoró en la escalera también! Bum. Me lo senté. Había un segundo. Mismo truco. Subí y encontré un templo más donde había un amuleto Moon. Lo tomé y un rastrero Gollum quiso degollarme. Por suerte, alcancé a esquivarlo. Por curiosidad, me asomé hacia el exterior del edificio: un marranote. No estaba listo para marranotes ahora –aun si ya no les tengo miedo–, así que decidí terminar de inspeccionar el templo, donde encontré una lámpara. ¡Fiu!

Ya con la seguridad que da un lugar desde el cual continuar, salí a explorar. No era uno sino dos marranos, además de alrededor de 10 perros despeinados y un gigante de esos que traen ladrillos (creo). Sin embargo, el último enemigo fue el letal: un Death Dealer. Decidí enfrentarlo sin trucos: mi hacha contra su toque letal. Es innecesario decir que me rompió toda la madre.

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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