The Legend of Zelda para esquizofrénicos

No conozco a nadie que utilice iCal o Google Calendar o una agenda de Ziggy por gusto. Seguro existe un actuario orate por allí que dirá:“Oye, momento. Anotar mi minuto a minuto es de las cosas más relajantes que hago en todo mi día”, y no lo dudo. Pero para el resto del mundo significa algo asqueroso: compromisos, citas, juntas y pendientes. “¿A qué mente en su sano juicio le habría parecido una buena idea ponerle una estúpida agenda a un videojuego? ¡Es un suicidio!”, es lo único que se me viene a la mente cada que presiono un botoncito que dice ‘Schedule’ en la pantalla inferior de mi Old & Non-AC-Adapterless Nintendo 3DS XL –que es como supongo que se le conocerá al aparatejo antes conocido únicamente como Nintendo 3DS XL– mientras juego The Legend of Zelda: Majora’s Mask 3D.

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Efectivamente, en Majora’s Mask, Link carga con agenda. Las 72 horas durante las que se repite una y otra vez el mismo ciclo (inicialmente me sentí bien original y pensé en hacer una analogía con Groundhog Day; ya luego vi que todo pinche mundo la hizo, y me sentí tan genérico como la edición especial del NN3DSXL de Majora’s Mask), son los tres días más esquizofrénicos que alguien podría tener en su vida. “A las 12 am del primer día tengo que ir a madrear a un ratero que se quiere robar unas bombas. Luego me tengo que despertar temprano porque a las 6am tengo que refinarme las historias de hueva de una viejita que no sé para qué me van a servir, pero más vale que desde ahora vaya haciéndole caso. Las tardes del primero y segundo días puedo agarrar al cartero encuerado sobre su cama. Si le pago dos rupees, puedo ponerme a contar 10 segundos mentalmente con él. Si lo logro con exactitud Seiko, me va a aflojar el corazón. No SU corazón, Link, –luego por qué te andan diciendo Zelda–; un pedacito de corazón para tu barra de vida. Ah, y a ver si mañana sí me da tiempo de comprar un boleto para la rifa esa. No sé qué rifen pero seguro gano; ¿qué otro pendejo se levantaría a las 6am para ir por un boleto?”.

Supongo que el interior de la cabeza de Link versión Majora’s Mask es algo así como estar en la cabeza de Cristian Castro.

Saltando a otros asuntos, creo que la versión Deku de Link me parece increíble y me atrevo a ponerla en mi top tres junto con el Link de A Link to the Past y el Link de The Wind Waker. Me gusta más cuando Link parece un niño elfo que cuando quieren presentarlo como adolescente en mallas con cara de cuarentón vestido de Peter Pan. O, peor tantito, cuarentona. (De ahí que la noticia de una serie de Netflix dedicada a The Legend of Zelda me parezca algo realmente atroz, pero creo que eso es motivo para otro post.) Regresando a Deku Link, es increíble en el momento en que te plantan esa máscara y el reloj comienza a correr en cuenta regresiva. Lo mejor es la sensación de “esto no es un Zelda”. Y, efectivamente, yo creo que no es un Zelda de la misma manera en que Super Mario Bros. 2 no es un Super Mario: son juegos sin los elementos característicos de los otros capítulos. Y eso es lo que los hace fabulosos.

Majora’s Mask es un juego que todo el tiempo te está viendo con una mirada burlona. Le gusta hacerte saber que está corriendo el tiempo, y no solo disfruta de ponerte campanadas cada 36 horas, sino que también se regodea en achicar la pantalla como si te dijera: “Lo que sea que estés haciendo se va, se va, se va… se fue”. La sonrisa burlona de la luna sobre Termina, el poblado donde ocurre el juego, no es sino una doble comprobación. Majora’s Mask disfruta de no darte pistas, de tenerte recorriendo el mapa sin rumbo mientras te va dando piezas de un rompecabezas cuyas piezas no tienen sentido sino hasta que las tienes todas. “Llévame con mi padre”, te dice una princesa Deku. “Puedo ir como sea, incluso apretada.” La criatura tiene el mismo tamaño de Link. ¿Quién en su sano juicio agarraría un frasco de mayonesa McCormick (la del toque de Píter) para meter a una princesa? ¡Un esquizofrénico y nadie más! ¡Porque eso no tiene lógica! Aun así, sin que nadie me lo dijera, me topé con la mentada princesa y, tan pronto me dijo que la llevara a como diera lugar, mi primer reacción fue pepenar el frasco y ¡adentro! Llevaba como mil veces que me ponía y quitaba la máscara Deku, y en cada una de esas ocasiones alcancé a ver o a escuchar un poquitín de la perturbadora animación en la que Link grita como si le extirparan un ojo con un hueso de durazno. Acababa de pelear contra una tortuga cabalgada por una rana a la que había que apuntarle utilizando el giroscopio del N3DS, y luego contra un Huitzilopochtli que, como prácticamente todas las batal3DS_LegendofZeldaMajorsMask3D_011415_Scrn04las, exigía ponerse y quitarse máscaras como si fuera lucha estelar de la AAA. Encima de todo, estaba en las últimas 12 horas del último día que, de extinguirse, me habrían provocado repetir un buen tramo de ese calabozo. Evidentemente me iba a llevar a la princesa aun si tenía que tragármela con un vaso de agua. El juego es esquizofrénico y uno termina por comportarse como esquizofrénico.

El control del juego me parece un desastre. Esa convención tácita de Nintendo de “vamos a hacer todo al revés y se chingan” me ha exasperado terriblemente. Ya probé acomodar mis máscaras en distintos botones para dar preferencia al arco y la flecha en las batallas. Desgraciadamente, la máscara Deku de cierto modo es un arma, así que no puedes sino acomodarla en X o Y. El problema es que, con tantos cambios, presionas X o Y a cada rato por error, lo que significa que te pones la máscara por error, lo que significa que ves la animación de Link pegando de berridos cada que quieres tirar una flecha o apuntar una burbuja o tirar un espadazo. Si sumamos a todo eso la ausencia de un stick para controlar la cámara –al menos en mi N3DSXL–, Majora’s Mask termina luciendo como un juego cruel.

Sin embargo, aun si todo podría interpretarse como una suma de experiencias negativas, The Legend of Zelda: Majora’s Mask es cautivador. De entrada, es una lección a todos aquellos que hacen mundos abiertos hermosos pero insulsos en los que te traen de mandadero hasta que se te seca el cerebro (te estoy viendo, Dying Light). Aquí cada tarea se siente trascendente porque hay una consecuencia más allá de la imposibilidad de continuar con la trama del juego: el mundo sigue y el tiempo sigue y el mismo asaltante le roba sus bombas a la misma viejita una y otra y otra vez mientras tú se lo permitas. La viejita no necesita que vayas por sus bombas; ella tiene brazos y piernas para cargarlas y transportarlas, pero ella no tiene una espada para defenderse. Es coherente a más no poder, al grado de hacerte olvidar a la princesa embotellada.

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Majora’s Mask es también una lección de optimización de recursos. Es un juego pequeño en mapas pero enorme en ingenio. Pasas tantas veces por las mismas escaleras que las desgastas como escalones de una dependencia gubernamental. Sin embargo, recorrer las mismas zonas no es repetitivo porque siempre está la ilusión de llegar a una nueva cita, de hacer un nuevo descubrimiento, de resolverle la vida a alguien más.

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Sin embargo, creo que el más grande logro de The Legend of Zelda: Majora’s Mask es haber creado la única agenda divertida de la historia y, para mí, eso es una razón más que válida para recomendarlo.

Acerca de arsánchezq

ingeniero de profesión, campeón por decisión unánime.

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  • Simpre se rifa para escribir ese Lani, por grande que sea el escrito te sigues leyendo para ver que otra referencia o broma aparece jaja.

    • arsánchezq

      muchas gracias, mario!

  • Aunque amé Ocarina of time, nunca pude jugar este Zelda. Es hora de darle una oportunidad.

    Saludos Amenaza, siempre es un placer leerte.

    • arsánchezq

      muchas gracias!

  • Me acordé de la maravillosa reseña de Supe Mario Galaxy para EGM en la que decías que Mario solo tuvo que ponerse un disfraz de abejita.

    Que gran artículo.

  • Recuerdo aquella reseña que hiciste para EGM sobre Super Mario Galaxy, aquella conclusión en la que expresabas que Mario solo tuvo que ponerse un disfraz de abejita (en conjunto con todo lo demás) me hhizo querer probarlo de inmediato.

    Ahora con esta sobre Majora’s Mask tengo un sentimiento similar. Solo quiero que sea mañana para ir por él y sentirme esquizofrenico.

    Grande.

    • arsánchezq

      ya no me acordaba de esa reseña! gracias, jesús!

  • Oye Lanchas y si te molesta la cámara quiere decir que tampoco has jugado el Ocarina?

    Yo no creo que le falle nada. Aunque es mucho más corto que el Ocarina este tiene más mojo o que se yo.

    Se que no eres de coleccionar o sacar el 100% de los juegos pero conseguir los corazones y sobre todo ver las historias de la gente está bien chido.

    • arsánchezq

      adivinaste: no he jugado ocarina. y, a juzgar porque siempre está carísimo, se me hace que seguiré sin jugarlo un rato! jaja. y, sí, las historias son buenísimas.

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